Bosque de Gas 7
El siguiente fragmento no está fechado ni tiene encabezamiento de ningún tipo aunque por su contenido parece claro que se escribió entre el texto anterior y el siguiente. La letra es la del misionero español Miguel Ángel Aparicio pero no forma parte de la serie de cartas que escribió para su ex pareja. Si lo incluyo aquí es porque puede ayudar a entender el estado mental del autor en los sucesivos escritos.
He intentado que la transcripción sea lo más fiel posible, si bien el documento original tiene líneas completamente ilegibles, emborronadas y superpuestas, llenas de frases e incluso palabras sin terminar. Otras parecen escritas en un idioma alucinado que poco tiene que ver con el español.
Padre Nuestro que estás en los cielos. Santificado sea tu Nombre. Venga a nosotros tu Reino. Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo. Danos hoy tu puta Cabeza. Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestro deudores. Y no me dejes caer en la tentación.
He hundido mi cara en el suelo y he visto lo que hay debajo. Todo está iluminado.
El tuerto viene desde muy lejos. Está triste, desencantado con todos nosotros. Viene montado en el huracán. Se guía por las estrellas, pero las estrellas están del revés, cabeza abajo. Pobre gilipollas.
Entrégale tu cabeza a la Vírgen. Ponla a sus pies. Ella sabrá lo que tiene que hacer. La Virgen, hija de la serpiente, espera en la Ciudad Vieja a que le entregue mi ofrenda, mi tributo.
El Buitre se desangra. Su sangre son las acequias de la Ciudad Vieja. Como los huesos de las fieras tiemblan en las tripas del cerro con muchos nombres.
Jesusito de mi vida, eres niño como yo. Por eso te quiero tanto y te doy mi cabeza. Tómala, tómala, tuya es y mía no.
No tengo miedo. No me sirve. Otra muerte más y seré el Hombre Nuevo, sin miedos, sin conciencia, sin piedad.
Para vivir tengo que morir. Para morir tengo que morir mil veces.
Tú tendrás que ser el Otro, pisar las huellas del Otro, enterrar los muertos del Otro. Ofrece también tu cabeza. Que todas sean sólo una.
Arrasa la Ciudad Vieja, como hace el anciano con rostro de tortuga. Escucha las voces que retumban dentro de mi cráneo e incendia la Ciudad Vieja. De sus cenizas nacerá la Ciudad Más Vieja. La Ciudad del Volcán Relleno de Huesos. El Volcán chilla pero su chillido es sordo. Suena como huesos de lobo entrechocando. El cementerio de los lobos. La montaña sin corazón que en lugar del corazón guarda los huesos del Hermano.
¡Démosle todos la bienvenida al Señor de Debajo de la Tierra, sentado en su trono de huesos! Cuando resucite yo también lo haré, transformado en el Hombre Nuevo.
Padre Nuestro que estás bajo tierra...
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